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viernes, 8 de enero de 2010

Recuedos...y roces




Dream se quedó sola en el despacho, sentada en la silla con las piernas abiertas y los codos apoyados sobre las rodillas. Con las manos se sujetaba la cabeza y pensaba...

Y seguía pensando...

¿Cómo habían llegado a aquello? ¡Maldita sea! ¿Por qué no les daba un poco de buena suerte el destino? O por lo menos que les dejara en paz, lo único que les había ocurrido eran desgracias en los últimos años. Ella y sus hombres se merecían un poco de tranquilidad. La paz todavía no la deseaba.

Dream se levantó y se paseó por el despacho. Encima de la mesa había una gran cantidad de pergaminos. Con la curiosidad de una entendida en planos y mapas, Dream giró la cabeza y posó sus brillantes ojos en unos planos que estaban sujetos a la mesa, la cual rodeó suavemente y, tras ponerse al otro lado de ella, justo donde Bloody había estado minutos antes, se sentó en la butaca. Apoyó solamente parte del trasero, sin buscar ponerse cómoda, solamente buscando apoyo. Su mente estaba visualizando, sacando fallos, haciendo cálculos y aprobando lo que en esos grandes pergaminos podía verse. Se pasó una mano por la barbilla y cerró los ojos. Siempre le había sido eficaz ver los planos antes de curiosear por un barco. Ella tenía buena memoria y disfrutaba luego cuando se paseaba por sitios que había visualizado antes, sólo viendo los planos. Pasó uno de sus largos y callosos dedos por el papel áspero y amarillento por el paso del tiempo y frunció el ceño cuando se dio cuenta de que había una habitación justo a la derecha del despacho. Recordó haber visto la puerta cerrada y a nadie entrando por ella.

"Qué extraño" pensó Dream, contrariada. Creía haber oído que los hombres de Bloody dormían todos juntos, y que ninguno tenía un camarote especial. Curiosa, se levantó de la butaca y salió al pasillo. Dream posó una mano en el pomo de la puerta, pero antes de abrir, un escalofrío recorrió su espalda. Había algo, como un muro, que le daba respeto traspasar. Pero la capitana había dicho que ella y sus hombres eran libres para vagar por el barco, así que Dream no se lo pensó una segunda vez y giró el pomo.

La puerta chirrió, como si llamara, como si rogara que la volviesen a cerrar. Dream entró y encendió una de las lámparas de aceite de la habitación. Tosió cuando el ambiente viciado de la habitación la envolvió. Esa habitación había estado mucho tiempo cerrada, eso estaba claro. La puerta se cerró a sus espaldas y Dream dio un paso, y otro más, observando cada detalle con detenimiento. Se acercó a la pared que estaba frente a la puerta y arrancó lo que parecía un retrato de un hombre y su hija pequeña. La niña llevaba su melena rizada y rojiza sujeta con lazos y el padre sonreía orgulloso e incluso divertido por la cara de horror de su hija, que Dream supuso era por los endiablados lazos. Sonrió al recordar un episodio similar en su vida y los recuerdos la arrastraron mucho tiempo atrás.


<<-Mocosa- la llamó Hugh, como siempre hacía- Mañana, cuando lleguemos a Londres, te llevaré a comprarte un vestido y luego iremos los dos a una obra de teatro.
-Joder, Hugh- contestó Dream, con los brazos cruzados y el ceño fruncido- Yo no quiero uno de esos vestidos que te hacen un culo más grande del que tienes- Hugh soltó una gran carcajada, pero se puso serio al ver que esa niña maldita estaba decidida a no ponerse un vestido. Respiró hondo e intentó tener paciencia.
-Niña, hay miles de vestidos, seguro que habrá uno que te gustará.
-¡Hugh! ¿Cómo puedes pedirme que me ponga eso?- la voz sonaba dolida- ¡Luego habrá hombres que querrán levantarme las faldas y meterme su...!
-¡Dream! ¡Maldita sea! ¿Dónde has oído esa grosería?
-Los hombres a los que pillé hablando de eso me dijeron que a mí no me harían nada de eso si llevaba pantalones, así que ¡nunca me pondré faldas!
-Vamos, mocosa...No nos dejarán entrar en el espectáculo al que tanto ansías entrar si no te pones un vestido decente...
-¡Qué cojones dices, Hugh!- el vocabulario de la niña era amplio y variado en materia de insultos e improperios, pero al capitán le hacía tanta gracia su manera de hablar que no había podido corregirla- Olvidas que las he visto con estos ojos- se puso un dedito debajo de su ojo derecho- Llevaban las tetas fuera, casi podía verles los pezones.
-¡Dream!- rugió Hugh, y la niña agachó la cabeza y se quedó callada. Al ver su expresión afligida, Hugh suspiró y le acarició los cabellos cobrizos alborotados. La mocosa tenía su opinión al respecto y a él le tenía tan encandilado que no podía negarle nada...

Esa noche Hugh contrató a un titiritero para que les hiciese un espectáculo privado en el salón del barco. El corazón le botaba de alegría cada vez que Dream aplaudía, se reía y saltaba de la emoción. Esa mocosa sería su perdición, estaba seguro.>>


Dream sonrió mientras recordaba ese momento de su infancia, por así llamarla. Hugh había sido como un padre para ella. Y Dream le había querido con toda su alma. Suspiró y aguantó las ganas de llorar. Se recompuso y siguió observando la habitación. Además de la foto, la pared estaba repleta de planos, rutas, hojas de periódicos con titulares escandalosos... Dream se acercó a una hoja de periódico que estaba colgada en la pared. Lo que el padre de Bloody había rodeado con cera roja era una noticia pequeña del apartado de sucesos, pero Dream se sorprenedió acercándose y fijándose en una foto de una pareja, con cara desesperada. Estaba rodeados de gente y parecían gente rica, con poder. Sin saber por qué, a Dream le sonaban sus caras. Alargó la mano para acercarse más al papel y tocarlo cuando de repente se abrió con fuerza la puerta. Dream se dio la vuelta de un salto y se olvidó por completo de la fotografía. Bloody estaba frente a ella y la miraba con una expresión hosca. Dream alzó las cejas y la interrogó con la mirada.

-¿Qué haces aquí?- Bloody se acercó a la otra capitana y le arrebató el retrato de ella y su padre de las manos- No tenías ningún derecho, ¡ninguno!- Bloody enseguida fue a colocar la fotografía donde Dream la había cogido- Esta habitación es sagrada desde que mi...mi padre...murió- la voz le salía ahogada y llena de dolor.
-Yo no he hecho absolutamente nada- alegó Dream, por una vez callada, entrecerrando los ojos, sorprendida por el enfado y el dolor mostrado por la otra.
-¿Que no? ¡No deberías haber entrado, empezando por ahí!- el grito de la pelirroja sacó a Dream de sus casillas, que nunca había soportado que la gritasen. Dream se irguió y frunció el ceño, compitiendo con la otra.
-Pues entonces escoge bien tus jodidas palabras, ¡porque yo entendí que podía entrar y salir donde me diese la real gana!
-¿Estás insinuando que no sé hablar?
-Piensa lo que quieras. Pero si no querías que entrara aquí, haberlo avisado, ¡no te jode! Y encima me echas la bronca, ¡sin haber echo nada!
-Se hablar perfectamente, dar órdenes también. Hasta el día de hoy mi barco sigue a flote, ¿no?- las palabras surtieron efecto y Dream se quedó callada. Apretó la mandíbula y agachó durante dos segundos la cabeza, para recuperar la compostura. Luego empezó a asentir con la cabeza y volvió a mirar a Bloody.
-Sí, tu barco sigue a flote. No puede decirse lo mismo del mío.