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domingo, 17 de enero de 2010

El rescate

Dream bajó al que había sido su camarote temporal esos días, mientras estuvieran a bordo de La Perla. Tenía que recoger sus pertenencias antes de irse. Cuando llegó y entró, se quedó parada en medio de la habitación, buscando algo que fuera de ella. El dolor le inundó el corazón de nuevo. Intentaba no pensar en lo que significaba el hundimiento del Black Gold. No había sido sólo un barco. Había sido un hogar. Su hogar. Y lo había perdido todo con él. Dream levantó la cabeza para que las lágrimas no escapasen de sus ojos y frunció el ceño como acostumbraba a hacer siempre que quería ocultar sus emociones. No lo había perdido todo. Todavía le quedaban la esperanza, su tripulación, sus recuerdos…y la venganza. Con un seco asentimiento de cabeza, subió de nuevo las escaleras sin mirar atrás.
Cuando llegó a cubierta oyó gritos y protestas y sintió curiosidad por lo que estuviera pasando. Puso los ojos en blanco cuando se dio cuenta de que seguramente sería una tonta riña entre dos hombres de tripulaciones diferentes. Pero cuando llegó al lugar donde uno de sus hombres le gritaba a otro de la tripulación de Bloody, enarcó las cejas por lo que estaban hablando.

-Nosotros no somos de este barco, hemos llegado a puerto, ¡no tenemos por qué aceptar las jodidas órdenes de vuestra capitana!- gritaba John, con gesto hosco.
-Mi capitana ha ordenado eso y ¡lo cumpliréis!- el otro parecía bastante agrio y enfadado.
-¿Qué pasa aquí?- preguntó Dream, intuyendo el problema. John se relajó al verla y le explicó las órdenes de Bloody. La capitana se quedó callada, meditando sobre lo que hacer.
-Estos quieren que seamos sus esclavos, ¡malditos cabrones!
-Tranquilo, John- le puso la mano en el pecho al otro hombre, que se abalanzaba hacia John- Y tú también- volvió a girarse hacia su hombre y luego a los demás de su tripulación- Haréis caso de lo que haya dicho Bloody- levantó una mano para acallar las protestas- Sólo hasta que ella vuelva. Es justo que ayudemos a cuidar el barco que ha tenido que parar aquí para abastecerse porque nosotros hemos agotado las reservas. Es de honrados y agradecidos que vigilemos el barco de la tripulación gracias a la cual estamos vivos. Y nosotros somos justos, honrados y agradecidos. Ahora bien, una vez que Bloody vuelva para marcharse, les daremos las gracias y nos bajaremos, pues no hay nada que nos una a este barco. ¿Estamos?- los murmullos de protesta eran débiles y las cabezas de sus hombres estaban bajas porque ellos no habían llegado a esa conclusión- Repito, ¿¡estamos!?
-¡Sí capitana!- gritaron todos.
-Bien, pues cinco de vosotros quedaros aquí…y si no queréis elegir, elegiré yo. Os quedaréis todos y así no habrá problemas- se dio la vuelta y bajó por la plataforma que daba al muelle- Yo iré a investigar un poco y a intentar descubrir si hay algún barco con falta de una tripulación y su capitana- dijo sarcástica y con sorna, sabiendo que algo así era imposible de encontrar.

Dream saltó al muelle y pisó tierra firme. Le encantaba el mar, pero también disfrutaba cuando volvía a tierra, aunque sólo fuera por unos días o unas horas. Se puso a andar por esa ciudad que no conocía muy bien. Ella siempre había preferido Lisboa a Oporto, auqnue en esta última había estado las veces suficientes para saber qué sitios frecuentar y cuáles no. Giró a la derecha para meterse por una callejuela mal iluminada pero más o menos segura y luego a la izquierda. Oyó un grito a lo lejos pero no se extrañó, en los puertos ocurrían jaleos todas las noches. Lo que la decidió a buscar el sitio donde se producía el altercado fue el escuchar los sonidos propios de un forcejeo, que de pronto cesaron para convertirse en voces de hombres. Dream giró hacia la derecha de nuevo, de donde procedían las voces. Se pegó a la pared, pues por poco se descubre ante los hombres. Aguantó la respiración y cuando oyó el alejarse de los pasos, les siguió. Uno de ellos llevaba un bulto bastante grande al hombro, parecía una persona...Dream escudriñó en la oscuridad y pudo ver que se trataba de una mujer. Los hombres pasaron por delante de una puerta abierta de la cual salía luz del interior del recinto, por lo que Dream pudo ver con claridad esta vez de quién se trataba la mujer. ¡Bloody! Esos cabrones la habían golpeado dejándola inconsciente y la habían cogido. ¿Qué se traían entre manos? No se dirigían al puerto, lo cual le parecía realmente raro. Allí lo normal era que los marineros llevaran a su barco a sus víctimas. A no ser que… ¡claro! Tenían miedo de que los hombres de Bloody los descubrieran y les descuartizaran vivos. Dream frunció el ceño y palpó la empuñadura de su espada. Esa no sería la última noche en la vida de Bloody. No si Dream podía evitarlo. Y cuando tenía que saldar cuentas, Dream no era para nada compasiva. Le devolvería Bloody la vida que a Dream le había salvado.


Llevaba más de una hora caminando tras ellos, internándose más y más en la oscura ciudad. De pronto los hombres cogieron un carro medio escondido entre unos árboles y se montaron en él, metiendo a Bloody dentro sin mucho cuidado.
Dream buscó a su alrededor y atisbó un caballo al cual fue corriendo y le soltó de la estaca donde estaba agarrado para poder montarse y seguir a los secuestradores. Una vez preparada, puso al trote al caballo, intentando no hacer mucho ruido para que los cabrones no se dieran cuenta de su presencia.
Unos diez minutos más tarde, los hombres pararon en el claro de un bosque que se extendía a un lado del camino que habían cogido. Dream los siguió con cuidado, internándose en el bosque y observándoles desde la distancia. Parecía que Bloody ya se había despertado y no estaba de muy buen humor precisamente. La habían amordazado y sólo se oían los gritos ahogados contra el pañuelo y el forcejeo entre ella y los hombres. Estaba atada de pies y manos, pues los marineros sabían de quién se trataba. Aún así, la capitana seguía intentando asestarles un cabezazo o lo que se le ocurriera en ese momento. Lo que estaba claro es que quieta no se estaba. Una hora más tarde, Bloody cansada de forcejear, olvidada a un lado de la especie de campamento que esos hombres habían montado, los marineros se reclinaban contra unos troncos de árboles y hablaban sin tapujos de lo que les apetecería hacerle a la fogosa capitana. Dream no podía verle la cara a Bloody, pero se imaginaba la mueca de asco que esta tenía.

-Desde luego que están para follársela- decía uno de ellos.
-Es una pena que Phil la quiera para él- respondió el que parecía el cabecilla del grupo, como advirtiendo a su compañero.
Sí, pero…nos prometió una tajada de la capitana cuando él terminara con ella…
-Claro, hombre- volvió a contestar el cabecilla, ocultando sus verdaderos pensamientos. Cuando Phil acabara con la capitana, no habría nada que sacar de ella. Pero dejaría a esos pobres ilusos que se imaginaran lo que quisieran. Por lo menos serían felices haciéndose unas pajas antes de toparse con la cruda realidad.

Dream esperó a que los hombres que parecían más cortos de entendederas se medio durmieran y se dirigió al cabecilla. Estaba claro que este estaría alerta, pero Dream era muy sigilosa…cuando quería. Pisó una rama en el bosque a propósito y sonrió cuando el pirata se levantó deprisa y se puso en pie. Miró a sus compañeros y debió decidir que no serían de mucha ayuda, porque cogió sus armas y se internó el solo en el bosque. Y se dirigía justo hacia Dream. Esta sonrió cuando él la sobrepasó por una zancada y ella pudo ponerse por detrás y rebanarle el pescuezo. Le dejó allí tirando, moribundo, y se dirigió al campamento. Los hombres seguían dormidos, y Dream decidió soltar primero a Bloody, por si quería ensañarse con alguno de ellos. A ella le habría gustado si hubiera estado en su lugar. Así que se acercó a Bloody silenciosamente y, cuando fue a cortarle las ataduras de las muñecas esta abrió los ojos y le propinó una patada con los pies atados. Dream contuvo el grito de dolor y cayó al suelo sujetándose la espinilla. Como Bloody todavía no sabía quién era, y forcejeaba de nuevo como una posesa, creyendo que iban a violarla, Dream la cogió del cuello e hizo que la mirara. Le cortó las cuerdas y le hizo un gesto para que no hiciera ruido.

-Maldita sea, creo que tendré que ponerme una jodida pata de palo, de todos modos-siseó Dream por lo bajo
-¿Qué querías? Creía que era uno de esos apestosos hijos de puta-respondió Bloody, sorprendida al verla.
-Sí, vale, yo creo que te has quedado bien a gusto, de todos modos.
Las dos se dirigieron hacia los dos hombres e hicieron ruido para que se despertaran. Preferían descargar adrenalina a matarles dormidos.



Dream y Bloody cogieron el carro y se dirigieron a la ciudad. Por el camino no hablaron nada. Las cosas estaba tensas, ellas no tenían muchos temas de conversación, a decir verdad.
-Por cierto. Cuando vuelvas a tu barco, mis hombres y yo nos iremos.
-Sí, ya lo suponía.
-Podrías habérselo explicado, en vez de ordenar directamente. Sabías lo que eso acarrearía.
-Sí, también lo suponía- Bloody iba seria, concentrada en las riendas de los caballos.
-¡Maldita sea! ¿Se puede saber qué cojones te pasa?- Dream explotó de furia.
-¡Nada! ¡Ya has saldado tu deuda! Si no fuera porque sé que trabajan para Phil, creería que los contrataste tú para que no tuviera que deberte nada.
-Serás hija de puta…
El insulto ofendió sobremanera a Bloody, que perdió el control de las riendas e hizo que el carro diera con una piedra y rompiera el eje.
-¡Joder!- gritaron las dos a la vez. Parecía que esa noche tendrían que pasarla a las afueras de la ciudad, en la más absoluta oscuridad…y lo que era peor, juntas.