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viernes, 5 de febrero de 2010

Cosas que confesar.

Dream notaba el mecerse del barco, el sonido de las olas, el olor a mar, la música procedente de la plaza del pueblo...Lo notaba todo, pero no sentía nada. No sabía por qué se encontraba tan mal, tan...vacía. Se limpió enfadada una lágrima que resbalaba por su mejilla y tragó saliva. Se sentó en la cama con las piernas cruzadas y rememoró la noche. Había sido totalmente...increíble. Pero no se volvería a repetir. "Al menos con él" pensó Dream. El muy cabrón la había tratado como a una puta...al menos al final de la noche. No volvería más a aquella mansión, por mucho que le gustara la comida que allí robaba y la hermosa construcción. Por mucho que le gustara contemplarle a él. Porque ahora le odiaba, eso era. Dream asintió con la cabeza y frunció el ceño cuando escuchó gritos al otro lado del pasillo. Era Bloody...y una voz grave, de hombre. Agudizó el oído y comprobó que se conocían, así que supuso que no corría peligro la seguridad de la pelirroja. Cuando después de un rato de forcejeos y riñas se hizo el silencio, Dream carraspeó y salió sigilosa de su camarote. Sabía lo que estaba ocurriendo ahí dentro y, aunque se alegraba por Beth si lo disfrutaba, se sentía incómoda tan cerca de ellos dos.

Subió por las escaleras a cubierta, encontrándose con el más fresco aire de la noche. Dream respiró hondo y sonrió por primera vez en las últimas horas. Ella era dura, fuerte, luchadora...no dejaría que la venciera el recuerdo de un maldito conde. Mientras contemplaba a alguna que otra pareja que se había escapado de la fiesta, Dream oyó unas fuertes pisadas y un gruñido de rabia. Se dio la vuelta y vio que era Ian, que en ese momento se dirigía escaleras abajo hacia...

-¡Mierda!- susurró Dream. Tenía que haberle detenido, pero ya era demasiado tarde. A los pocos segundos se escucharon los golpes en la puerta del camarote de Bloody, y un rato después un hombre grande...realmente grande, salía con cara de enfado y bufando. Dream se ocultó en las sombras del barco, no quería que la viera. Eso podía suponer una ventaja algún día. Entrecerró los ojos mientras le seguía con la mirada, pero los gritos de Ian la distrajeron y el hombre se perdió en la noche.

Tras un buen cacho de sermón, Ian salió de la habitación de Beth y la dejó sola. Dream estaba apoyada en la baranda y sonrió de lado cuando el irlandés salió y la miró hosco.

-¿Y a ti qué te pasa, moza desgarbada?
-Muchas gracias por el cumplido, era uno que nunca me habían llamado, viejales.
-¡Ah! Hoy no tengo humor para tus tonterías.
-No, ya veo que has dejado fuera de juego a tu capitana...O al menos a una de ellas.
-Ten cuidado, española...
-Mmmm, me encantan las amenazas. ¿Vas a pegarme, papi?- le preguntó Dream con ironía. Sabía que le estaba sacando de quicio, pero no le había gustado la bronca que le había echado a Bloody, y sólo Dios sabía por qué Dream intentaba fastidiarle a él para defenderla.
-Ya sé que no soy su padre...- él había captado la indirecta, se pasó una mano por el pelo, cansado- Pero como si lo fuera- la miró con ojos brillantes- Me preocupo por ella- explicó.
-Lo sé, Ian, lo sé- y, sin decir nada más, Dream se despidió con un gesto de él y bajó a la planta de la cocina. Se agachó ante un armario e hizo una mueca de dolor, pero no soltó ni un gruñido de protesta. Empezó a rebuscar entre las cosas que allí había...hasta que por fin encontró lo que buscaba. Con una sonrisa de oreja a oreja, salió de la cocina para dirigirse a la habitación de la otra capitana.



Dream golpeó con fuerza la puerta de la habitación de Bloody, pero no hubo respuesta. Frunciendo el ceño, entró al despacho, posó la botella de ron encima de la gran mesa y miró la puerta que comunicaba con la habitación de Beth, rota. Hizo una mueca de dolor, pues eso les costaría un poquito más de dinero, y no es que andaran sobrados... Se puso en el vano de la puerta y vio a la pelirroja tirada en la cama, enfurruñada.

-¡Eh, tú!- la mujer levantó como un rayo la cabeza ante ese tono de voz, Dream reprimió una sonrisa- Levanta ese culo que tienes y ven aquí un momento- dijo, y desapareció de la visión de Beth, para sentarse en la silla de detrás del escritorio, esperando.

Al cabo de unos segundos escuchó el ruido amortiguado de las pisadas de la capitana, que apareció por la puerta rota y entró como una exhalación. Estaba colorada de la furia.

-¡¿Quién te crees que eres, maldita española vagabunda....?!- las aletas de su nariz vibraban y en su cuello se adivinaba una enorme vena latiendo. Dream entendía por qué la llamaban Bloody. En ese momento no se imaginaba a nadie con más ganas de sangre que ella.
-¿Quieres una copa?- preguntó Dream, calmada.
-¿Una copa? ¿Eres imbécil? Lo que quiero es pegarte dos host...¿De qué coño te ríes?
-¡Eres predecible, mestiza! Sabía que sólo saldrías de tu madriguera si se te provocaba lo suficiente...¿y quién mejor que yo?
-¡Maldita entrometida...! Me vuelvo ahora mismo a mi habit...
-Toma esta copa, anda- Dream le pasó un buen vaso de ron sin escuchar sus amenazas de irse.
-...ación...Ah, pues muchas gracias- dijo, y se lo bebió de un trago.
-Cuidado...que luego nos queda la resaca para lamentarnos...- ambas se miraron con una risa en los ojos, recordando la noche que se habían unido sin quererlo.


La expresión de Beth se aflojó y casi sonrió. Dream se levantó de la silla y le hizo un gesto con la cabeza para que se sentara la pelirroja. Esta se sentó y enarcó una ceja cuando Dream apoyó su trasero en el suelo, con la botella en la mano.

-¡Qué coño!- exclamó Bloody, se deslizó de la silla y se sentó en el suelo con su compañera, apoyando la espalda contra la pared.
-Venga...te cedo el turno- dijo Dream mientras jugueteaba con una baraja española de cartas.
-¿Para?
-Cuéntame.
-Yo no...No hay nada que contar.
-Venga, os oí, ¿sabes?- le echó una mirada fugaz para poder ver su sorpresa y vergüenza y luego sonrió de lado mientras repartía las cartas.
-No ha pasado nada...
-Sí, creo que de eso se ha encargado Ian.
-Exacto.
-¿Por qué?- preguntó Dream escueta, pero Elisabeth la entendió.
-Me ha hecho daño y...eso es hacérselo a Ian también- Beth cogió las cartas y las miró sin verlas. Su historia con Ramsey era de hacía tiempo, y había habido grandes altibajos. Frunció el ceño y sacudió la cabeza- Siempre acabo cayendo...Es un maldito cabrón.
-Es muy apuesto.
-¿Le has visto?- preguntó alerta Bloody.
-Sí, pero yo no he dejado que me vea...Tranquila, no voy a intentar quitártelo.
-No he dicho nada.
-Lo veo en tu mirada. Posesión. Dirás que no te importa, pero sería mentira.
-Bueno...- cambió de tema y sonrió con picardía a Dream- ¿Y tú? ¿Tienes amante?
-No- contestó brusca Dream.
-Bien, pero los habrás tenido...- Beth se acomodó y la increpó más, dándole con un hombro- Venga...¿cuántos?
-Pocos...
-Seguro que más que yo- dijo Beth, y se rió.
-No lo creo.
-Vaya.
-Te aseguro que no y eso que no sé cuántos amantes has tenido.
-¿Y eso...?
-Soy...Era...virgen.
-¿¡Qué!?- preguntó la medio escocesa asombrada.
-Sí, ¡joder! Nunca me he sentido atraída como para...para...
-Follar.
-Eso.
-¿Quién me iba a decir a mí que eras..tímida?
-No lo soy.
-Y dijiste que nunca te has sentido atraída? Entonces con quién...?
-Lo he dicho mal. Nunca me había sentido atraída. Hasta esta noche- Dream vio la cara de Bloody y sonrió- No, no fue tu gigante.
-Entonces, ¿has...perdido tu virginidad esta noche?- su pregunta sonaba tan...asombrada, que Dream no contestó. No le gustaba hablar de esos temas, pero parecía ser que esa noche ambas tendrían que exponer un poco su corazón. Dream le contó un resumen de su noche, y luego desafió con la mirada a su compañera.
-Guau. Nunca me lo hubiera imaginado...¿Y qué tal? TEndría que estar muy bien el hombre en cuestión...
-Es conde. Y le he robado.
-¡Qué!
-Deja de decir esa maldita palabra, maldición...
-Perdona, pero es que dos golpes así en una misma frase... ¿Conde? ¿Robo?
-Sí, conde...¡y me llamó puta!
-¿cómo?
-Me levanté, recogí y él me preguntó a dónde iba. No me acuerdo lo que le contesté, me enfadé al verle a él tan prepotente. Y entonces me dijo que cogiera el cofre como pago por la noche.
-Menudo cabrón...No se lo cogiste, ¿no?
-Claro que sí, lo necesitamos...
-¡No! Devuélveselo, por el amor de Dios. Es un conde! Y te llamó puta!
-Me da igual, no le volveré a ver...y a él le sobra el dinero. Le sale por las orejas...
-Dream...
-¡No me digas lo que debo hacer! La decisión está tomada, mañana comenzarán las reparaciones. Día y noche. En tres días zarparemos.
-¿Mi opinión no cuenta?
-Dijiste que en estas cuestiones de las remodelaciones podía tomar mis propias decisiones. Cuando pongamos rumbo, consultaré contigo hasta para mear.
-Muchas gracias por ese honor- dijo Bloody intentando permanecer seria. Pero el carácter de su amiga, tan parecido y al mismo tiempo tan diferente al suyo, le parecía a veces muy gracioso.
-De nada- contestó la otra con una mirada de reojo- ¿Jugamos? Porque llevas mareando las cartas desde que te las di.
-No antes de que me des otra copa- cedió Beth, sonriente.

1 comentarios:

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